SISMÓGRAFO Y EL TIEMPO



No hay heladas de tu memoria en los crímenes del carmín de unos labios en blanco y negro. Aquella impía nevada destapó el calor del ahora o nunca, como siempre.
Es la hora del presente de tu futuro. El final absoluto que campa a destajo donde no termina esa escalera a todos sitios, espacios que son ningún lugar.
Parajes abandonados que nunca visitas perdido entre la violencia del bosque cuando tú ya no estás.
Hay una forma de meditar tras nuestra puerta verde que te abandona a la soledad contemplativa de un
Tanaka Colt SAA 46 sin munición real bajo la sien de tu almohada. ¿Porqué ese cambio de color? Nunca llegué a llamar a tu puerta, a ese tren sin frenos aparcado en la cima.

Levantar las rutinas y en un momento, ponerle cara, rostro de plato roto, pedacitos de cerebelo de recogedor automático de calles nocturnas.
Conduzco el halo de los ganchos que van tentando a los gemelos de pensamiento, ellos son multitud, ellos son iguales, una multitud uniformada de una masa que revienta en su propia fermentación. Ellos, que son iguales que mirarse al espejo desde el otro lado del ventanal infinito, buscan el opaco pasillo de hotel uniformado de serie B, el lado sin brillo donde no hay nada ni nadie se detiene a mirar.

Esos son algunos de los milagros explicados en las vallas publicitarias de tu ensoñación, los carteles de los anuncios que enmarcan esos desiertos del ‘
no llegar nunca a ese destino’ que las manos antiguas sobre el volante de madera ajada han impuesto este año.

Cartografiando el paseo bajo la alcantarilla de su paraguas, un tipo listo fotografía esquinas de esas donde las calles se apellidan de maneras dispares y los libros son el escaparate perfecto para dibujar a un click, sin filtros, directamente, a degüello la sangre depositada en los futuros posavasos que son las portadas de los libros tras la atrayente cristalera de época.

En algún sitio creí leer ‘
The Absolute End’ al principio de mi viaje, sin embargo, mi sismógrafo no escribe en Capital las traducciones desde Gótica. Enciendo el fuego de la derrota al tiempo que codifico en binario mi contraseña. La nevada sigue sin levantar el campo y ya no puedo entrar a mi hogar.
No preguntes nunca donde estuvo el epicentro de esa ruptura.

[Texto escrito para la propuesta de 16 imágenes en Instagram por Carlota Garrido (@farovagalume)]



NO SE PUEDEN DIVIDIR LAS AGUAS



Sí. Me encierro. Aletargado no. Consciente. Pleno. No me rindo. Elijo escoger. Escojo elegir. Opciones. Cobarde tú. Yo tengo otra vida. Sólo me rindo ante la evidencia. No puedo con todos. Respeto a todos. En completo claustro.
¿Existe el segundo de felicidad? Salí a tirar los desperdicios y apareció sin su máscara. No lo reconocí con el velo en el cuello.

Ahora me odiarás. Arbolado y recovecos. Artesano de miradas de piedra. Ahora sé que no me oyes. El odio es sordo a las razones.
Sí, me encierro. Puedo. Y me encierro. Cobarde, y valiente al encerrarme. Tú.

Sin razones y mil argumentos. Salgo tarde para el concierto, la orquesta del bosque... acabo de olvidar cómo continúa la mentira.

Al final, resultó un espectáculo bochornoso. Nadie se desnudó más allá de unas lágrimas sin profilaxis argumental.

¿Cuántas ves? Sí, de día, ¿cuántas?
Y anocheció ceguera de nubes pinchadas.
Y las ruedas se metían entre pequeños clavos.
Al girar todo se torcía, caí para que la grava me despertara. Era un préstamo y te decepcioné.

Entrego la llave de mi encierro a cualquiera. Ahora no pasa nadie por la hoguera.
Sí. Tus estas dentro de mi afuera.

Tengo afueras de tus adentros. Mi encierro.
Consciente. Pleno.

Castigo.